Cuida tus emociones para cuidar tu cuerpo.

Reprimir una emoción significa suprimir un impulso de tu cuerpo.

Suprimir un impulso de tu cuerpo conlleva una tensión muscular.

La tensión muscular genera dolor y posibles contracturas.

 

¿Te duele la espalda en temporadas de mucho estrés?

¿Sientes un nudo doloroso en la garganta cuando discutes con alguien muy querido?

¿Te levantas por la mañana con dolor de mandíbula?

¿Se contracturan tus cervicales en épocas de mucho trabajo?

Es muy probable que el origen de todas estas dolencias sea una emoción reprimida.

Son muchas las emociones que experimentas a lo largo del día, pero no todas ellas las expresas y las vives tal y como tu cuerpo quiere o necesita (ira, tristeza, enfado, miedo,…)

Los motivos de esta represión son dos:

  • Normas de comportamiento, ética, educación e ideas religiosas.
  • Proteger a tus seres queridos de palabras hirientes, opiniones o reproches.

 

¿Cómo se convierte una emoción en contractura? 

Cada vez que te enfadas, tu ego se siente agredido y se ve en la necesidad de defenderse.

Una fuerte discusión o un ofensa personal son detectados por tu mente de la misma manera que la entrada de un oso en la caverna de nuestros antepasados prehistóricos.

El cerebro, al identificar un peligro, comienza a enviar energía a la parte superior de tu cuerpo para que puedas defenderte de tu agresor. Los brazos, el pecho, la garganta y la cabeza se cargan de energía para que puedas gritar y golpear.

Información del entorno > Emoción > Energía extra > Impulso

 

Sin embargo, por más que tu jefe te saque de tus casillas, sabes que no debes cantarle las cuarenta si quieres mantener tu puesto de trabajo.

De la misma manera, no debes agredir o golpear a alguien que haya rayado tu coche nuevo si no quieres terminar en comisaría.

Por ética, por miedo, por amor o por normas básicas de comportamiento y sentido común tendrás que adaptarte, callarte o censurarte bloqueando y reprimiendo la energía y los impulsos de tu cuerpo en muchos momentos de enfado.

No obstante, es importante saber, que sea  por el motivo que sea,  cuando censuras los impulsos primarios de tu cuerpo reprimiendo la energía con la que se ha cargado, reprimes también la expresión de la emoción que estás viviendo.  

Es decir, cuando reprimes tus impulsos naturales dejas de expresar lo que tu cuerpo necesita.

Existen muchas maneras de reprimir esta energía.

Algunas personas tensan la garganta y los brazos (gritar y golpear), otras hinchan el pecho (mostrar superioridad), otras agachan la cabeza y callan (evitar el conflicto).

¿Cómo es el proceso?

  • Los distintos mecanismos, ayudan a bloquear la energía extra acumulada en estas zonas del cuerpo.
  • El bloqueo reprime la sensibilidad de la zona.
  • No es posible sentir una emoción que lucha por salir a la superficie en una zona insensibilizada.

Impulso + mecanismo de bloqueo = insensibilidad de la zona = imposibilidad de sentir la emoción

 

¿Qué ocurre entonces?

Has conseguido reprimir el enfado, sí. Y con ello la sarta de barbaridades que te hubiera gustado soltar al tío que te ha rayado el coche nuevo. Incluso has conseguido reprimir las ganas de partirle la cara. Pero esto no sale gratis.

La energía que se ha quedado bloqueada en la parte superior de tu cuerpo no ha sido expresada. Y esa energía extra que se convierte en tensión, hará que por la noche te duela la cabeza o la garganta y, posiblemente, te duelan hasta los brazos.

¿Qué ocurre además cuando una emoción se reprime de manera continuada?

Que la emoción puede enquistarse.

Cuando esto sucede, el conflicto que vive en organismo entre lo que necesita expresar y lo que se le permite expresar, termina por manifestarse como síntoma físico; somatización.

La somatización, no es otra cosa que, una llamada de atención del organismo indicando que debes modificar y resolver algo que te está haciendo daño. 

Es decir; necesitas hacer algún ajuste en tu vida para volver al equilibrio.

Por ejemplo, si te sientes humillado por la manera en la que te trata tu jefe, pero callas y agachas la cabeza, día sí y día también, por miedo a perder tu trabajo, tienes varias opciones:

  • Hablar con él sobre cómo te sientes y explicar tu punto de vista; Expresarte a nivel emocional.
  • Dejar tu trabajo; Evitar la situación que te daña a nivel emocional.

Cualquiera de estas dos opciones son viables para evitar una disfonía crónica, jaquecas, una ulcera, estrés o una depresión.

Si desatiendes estos mensajes en forma de tensión, ésta terminará acumulándose y convirtiéndose en dolor.

Así es como aparecen los  dolores de cabeza, estómago, cuello, espalda, lumbares crónicos, anginas, faringitis, fatiga crónica, vértigos, bruxismo, eczema, psoriasis, asma, alergias, etc.

Imposibilidad de sentir la emoción > síntoma físico > somatización

 

Por eso, te invito a escucharte y a escuchar más a tus emociones para saber de que manera puedes ayudarte a gestionarlas y sanarlas. En tu mano está cuidar tu salud física, mental y emocional. Y si no sabes por dónde empezar puedes llamarme y contarme tu caso particular. Yo estaré encantada de escucharte y buscar un plan de acción para ti.

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