Pánico a no estar a la altura

Me consta lo mal que se puede llegar a pasar en un escenario frente a cientos de ojos mirándote mientras tu cuerpo se paraliza y tu mente no haya solución en un momento de blanco absoluto. Y cuanto más nerviosa, más confusión, más atasco, menos acción.

¿Tú también te sientes así cuando tienes que hablar en público?

Por primera vez en la vida, mi familia vino a verme al teatro. 

Nunca antes me habían visto actuar, jamás. En ningún sitio. Ni siquiera habían visto las dos películas que había rodado hasta la fecha y que habían participado en varios festivales internacionales de cine.

Era una obra que llevaba meses en cartel. No no era la primera vez que se representaba. Sobra decir que me sabía perfectamente el texto y que ya tenía cierta experiencia en el escenario.

Me hacía tanta ilusión que mi familia viajara a Madrid para verme actuar en el teatro, que me marqué unas expectativas altísimas e imposibles de alcanzar con una simple actuación.

¿Qué por qué resultaban imposibles?

Porque con mi actuación sobre el escenario yo quería mostrar y demostrar a mi familia que:

  1.  Soy terca y remaré contra corriente pero consigo mis objetivos.
  2.  No estaba equivocada cuando decidí hacer de la actuación mi forma de vida.
  3.  Todo el tiempo y el dinero invertido en mi formación había merecido la pena.
  4.  Tenía talento y como tal estaba en una sala de teatro. Aunque la sala fuera pequeña.
  5.  Podía entretener y divertir al público con un proyecto en el que llevaba más de un año trabajando.
  6.  Había sido capaz de poner en marcha un proyecto de estas características.
  7.  Teníamos publico que pagaba por venir a vernos.
  8.  Teníamos buenas críticas en redes sociales.
  9.  Conseguiría ganarme la vida como actriz. 

¿Estamos locos? Mejor dicho, ¿acaso me había vuelto loca?

¡¡¡Nueve!!!. Tenía nueve super objetivos que cumplir con la mera actuación de esa noche en el teatro. De locos.

Con esa actuación pretendía dar carpetazo a más de 15 años de discusiones que había tenido con mi familia y conmigo misma sobre el hecho de elegir una rama artística como forma de ganarme la vida.

Es muy habitual que los actores, músicos, artistas en general tengamos que luchar no sólo con las dudas, obstáculos y consejos de nuestras seres queridos sino también con las dudas, temores y miedos que conviven en nuestro interior. 

¡¡Claro que dudamos de nuestra valía, capacidad o talento mil veces al día!!, de hecho somos personas inseguras y especialmente sensibles, pero derrotamos nuestras dudas y nos armamos de coraje porque el amor que sentimos por el arte es mayor que el miedo que nos da fracasar en el intento.

Por eso, esa noche, no sólo suponía una demostración a mi familia de que yo podía y merecía estar en un escenario, sino también una demostración hacia mi misma de que yo podía y merecía estar ahí.

Ese fue mi gran error. Entró en juego mi ego. El foco estaba puesto en mi, no en la historía ni en el público. 

Pagué un precio alto por mi vanidad; las expectativas y las responsabilidad que yo me había echado sobre los hombros eran tan altas que los nervios me visitaron en plena actuación. 

Fue un desastre. No había por donde pillar aquello. Mi compañera se equivoco, yo no supe seguir, se hizo el silencio, creció la tensión, hubo un blanco absoluto, incapacidad de articular movimiento, caras de pánico, miedo, calor, confusión y caos mental. 

No sé como logramos superar ese momento. La verdad que no lo recuerdo. Aun hay segundos interminables de blanco absoluto en mi memoria. 

Sacamos la función adelante, pero después de un momento así en escena es complicado, por no decir casi imposible, remontar la situación.

“Mi gozo en un pozo” pensé. No me derrumbé, pero aquella actuación fue una decepción para mi. Entendí en seguida el error que había cometido y no quise darle más vueltas. 

Mi padre, su mujer y mis hermanos me dijeron que habían disfrutado del espectáculo, que les había gustado y que se sentían orgullosos de mi. “¿Qué iban a decir?”, pensé yo.

Lo cierto es que fue un desastre, pero aprendí la lección. Lo importante no era yo como persona individual; lo importante era hacer llegar la historia que queríamos contar y entretener al público que venía a vernos.

Si te interesa perder tu miedo a hablar en público, te recomiendo mi nuevo libro “Habla sin miedo: Entrenamiento de una actriz para hablar en público.” Ya disponible en Amazon.es y Amazon.com . También puedes descargar material que te será de gran ayuda de manera gratuita en mi web www.lavidaespuroteatro.com . Que lo disfrutes.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *