Tu cuerpo te delata

Era mi primera cita con un chico con el que llevaba meses hablando.
Me caía bien, pero creía no sentirme atraída por él hasta que fui consciente de mi lenguaje corporal en su presencia. Mi cuerpo no paraba de mandar señales. Se expresaba por si sólo. Mi sonrisa, mis manos, la postura de mi cuerpo, la manera en la que me tocaba la cara, el pelo, cómo mi cuerpo procuraba reducir la distancia entre los dos…. Una locura. Nunca antes me había pasado algo así. Era como si mi cuerpo tuviese vida propia y se escapase de mi control.

¡PARA! Me decía a mi misma. Se va a dar cuenta, no seas descarada.

“¿Pero me gusta?” me preguntaba para mis adentros.

NO ME GUSTA.

Bueno, igual sí. No. Bueno, no sé. Ay madre, pero ¡¡¡MIRATE!!!


Todo en mi gritaba sentirse atraída por él y aun así yo luchaba con mi cabeza preguntándome si realmente ese chico me gustaba o no.
Probablemente porque no era el “prototipo de hombre” al que yo estaba acostumbrada. Lo cual era una estupidez de entrada. ¿Un prototipo?
Finalmente, me reí de mi misma al ser consciente de mi estupidez, me relajé y me rendí a la idea de que ese chico me traía loca. Me gustaba, y mucho.

Pero, ¿por qué ocurre esto? ¿Porque si mi cabeza decía que no y mi cuerpo decía que sí, era mi cuerpo y no mi cabeza quien llevaba la razón?

Porque el gesto siempre va por delante de la palabra. Nuestro cuerpo habla antes que nuestra boca. No sabe mentir.

Es posible trabajar, entrenar y ensayar una serie de movimientos, gestos y expresiones con nuestro cuerpo con el fin de montar una coreografía que mienta al público. Pero a un ojo entrenado en CNV (comunicación no verbal) el lenguaje corporal no puede engañarlo.

Por eso opino que el estudio de la comunicación no verbal es una manera peculiar y sorprendente de conocerse a uno mismo. ¿Te atreves?

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