Tan especial como el público de Coca – Cola

Si algo se le da bien a Coca Cola es una campaña de marketing efectiva.

En 1993 el consumo de latas de Coca Cola en nuestro país había descendido un 8%. 

Ese año, la marca de refrescos lanzó una de sus campañas mas exitosas a nivel mundial; “Latas personalizadas con tu nombre”.

Inmediatamente, las redes sociales se llenaron de comentarios e instantáneas con las nuevas latas personalizadas. Cuando los clientes en el supermercado encontraban la lata que llevaba su nombre se emocionaban y la compraban. ¡¡Como si esta hubiera sido especialmente hecha para ellos!!

Las ventas no sólo se recuperaron sino que aumentaron en un 13% logrando grandes beneficios económicos.

 

¿Por qué te cuento esta anécdota?

Porque a todos nos gusta sentirnos especiales, importantes y únicos. Todos queremos pensar que la lata de Coca Cola ha sido fabricada pensando en nosotros.

Ahí es donde debes centrar todos tus esfuerzos; en hacer que tu público sienta que lo que dices, lo dices para él, no para el público en general.

La persona que te escucha quiere sentirse relevante, valorada y apreciada por ti. Quiere pensar que te preocupas por sus problemas, que entiendes sus dificultades y que tienes una solución para hacerle ahorrar dinero, ganar tiempo o mejorar su bienestar. Estas son las tres cosas que más apreciamos como “compradores”.

No olvides, que el público es el verdadero protagonista de tu intervención y debes darle el lugar que se merece. 

¿Cómo? Implicando al público en tu proyecto y tu discurso de venta. 

Una comunicación efectiva, seductora y atractiva consiste precisamente en eso; en implicar al público.

Dicho esto, tu preocupación principal debe estar centrada en lograr una conexión con tu público. 

¿Por donde empezar?

 

Conoce a tu público

Si quieres que tu presentación tenga éxito, lo primero es conocer el perfil de tu público. No es lo mismo hablar sobre la prevención de accidentes al volante a un grupo de adolescentes, que a un grupo de adultos multados por exceso de velocidad. 

El público que te acompaña puede ser muy heterogéneo a simple vista, pero seguro que comparte características comunes. 

Para poder ofrecer una charla lo más personalizada posible al perfil de los asistentes hazte todas las preguntas que se te ocurran. 

Aquí te dejo algunas preguntas que pueden servirte de inspiración.

¿Cómo es el público al que te diriges?

¿Cuáles son los valores de tu público/ cliente?

¿ Cuales son sus miedos, anhelos y deseos?

 • ¿Qué quiere tu público y por qué lo quiere?

 • ¿Cómo conectará tu discurso con sus valores y sus deseos?

¿Qué beneficios y resultados aportarás tú a tu público/ cliente con tu discurso?

 

Adapta el vocabulario de tu discurso a tu público.

El lenguaje que utilices para dirigirte a tu público determinará el éxito o fracaso de tu mensaje, ya que no hablarás de la misma manera a un grupo de estudiantes, que a un grupo de empresarios.

Teniendo en cuenta las respuesta del primer punto, adapta el lenguaje de tu discurso a los conocimientos y nivel cultural de quien te escucha. Si vas a hablar sobre física cuántica por ejemplo, a un grupo de personas no especializadas en el tema, tendrás que buscar metáforas sencillas que te sirvan como paralelismo para poder explicar con palabras coloquiales el movimiento de las partículas en el espacio.

 

Conversa con el público.

Dicen que un buen orador se parece mucho a un buen conversador. Y una conversación requiere de al menos dos personas que interaccionen y contribuyan en la construcción del diálogo.  

Por lo tanto, en lugar de un monólogo dirigido al público deberás entablar un diálogo con él. Aun siendo tú el único habla, con una mirada o un gesto puedes hacer participe al público de tu discurso. 

También puedes lanzar preguntas de las que no esperas respuesta y que inmediatamente contestas, para mantener la atención de quien te escucha invitándolo a participar en tu reflexión.

Que no te asuste la idea de olvidar información importante; no intentes transmitir los datos que has memorizado en tu mente de manera precisa ya que te hará perder naturalidad y te distanciará del público. Trabaja en la fluidez de la presentación. No te limites a transmitir datos, concéntrate en intercambia información con el auditorio.

 

Mantén una escucha activa.

La escucha es la habilidad por excelencia de una comunicación eficaz, incluso cuando nuestro interlocutor no habla. Su mirada, sus gestos, su manera de pensar, su cuerpo, la energía que nos transmite, la vibración que irradia… todo esto es oro puro para un “oido” bien entrenado.

Sin embargo, la mayoría de los comunicadores no son conscientes de los resultados tan extraordinarios de la escucha. Piensan que es más importante lo que ellos tienen que decir, que lo que el resto pueda opinar. No cometas el mismo error.

 

Tamaño de la audiencia

Es importante que te adaptes, cada día, al tipo de público que tienes delante.

Antes de redactar tu discurso deberás informarte del tamaño de la audiencia a la que vas a dirigirte. No es lo mismo hablar frente a 5 personas que frente a un auditorio de 200. 

La distancia a la que tienes al público será distinta con 5 personas que con 200.

El vocabulario que utilices puede que varíe dependiendo del número de participantes.

El material de apoyo variará. En una reunión de 5 personas puedes mostrar tus datos en el ordenador mientras en un auditorio de 200 personas necesitarás un proyector para que todos los asistentes puedan visualizar la información.

El espacio en el que tendrá lugar tu presentación variará. Con 5 personas puedes charlar en la mesa de un restaurante, pero con 200 sería inviable.

El tamaña del público también determinará si estas de pie o sentado en el momento de la presentación.

Puede que también tengas que preocuparte por el volumen al que tienes que hablar.

El lenguaje de tu cuerpo no será el mismo en distancias cortas y con un público reducido que en un auditorio repletos de butacas. 

 

Adáptate a las necesidades del público

Según la perspectiva de la Programación Neurolingüística los seres humanos tenemos 3 maneras de percibir y comunicar el mundo; visual, auditiva y kinestésica

El sentido que predomine en nuestra interacción con el mundo, será el canal sensitivo por el que nos llegue la mayor parte del aprendizaje.

Por ese motivo, es importante que utilices distintas vías sensitivas para captar la atención de tu audiencia.

Para las personas visuales puedes incorporar un Power Point, una gráfica o un video a tu presentación para que lo vea y lo entienda por los ojos.

Las personas auditivas estarán muy pendientes de tus palabras. Deja que hagan preguntas y aclara sus dudas. 

Las personas kinestésicas en cambio, agradecerán que los hagas sentir bien, que los tranquilices y les transmitas seguridad. Déjales algo que puedan tocar (el producto que ofreces, un folleto, un catálogo, etc.).

Evidentemente, no se trata de magia, pero si consigues adaptarte al lenguaje de tu interlocutor lograrás establecer un nivel de comunicación mucho más fluido.

 

Implícate de manera personal en tu discurso.

No hay nada mejor para llegar al público que un discurso en primera persona. Habla de tus experiencias o de las experiencias de personas a las que conoces. Las historias reales son las más memorables, emotivas e inspiradoras y al público le gusta escucharlas. Con los ejemplos o anécdotas en primera persona conseguirás una intervención más humana y cercana. 

Implícate de manera personal en tu discurso. Se generoso, da una parte de ti en cada intervención. Lo que estás trasmitiendo ha de ser importante y significativo para ti. Y si no lo es, búscate la manera para que lo sea. Si a ti no te toca de manera personal aquello de lo que vas a hablar, difícilmente conseguirás conectar con quien te escucha.

Si tú te emocionas el otro se emociona, si tu te aburres el otro se aburre. Así de sencillo.

Cuando te implicas de manera personal en aquello que haces ganas en credibilidad. 

 

Disfruta del proceso, no persigas el resultado.

Algo que he aprendido últimamente y que procuro poner en practica en todo momento es que hay que hacer las cosas para disfrutar del hecho de hacerlas, no para alcanzar un resultado.

Si sólo te importa en el resultado que obtienes, no disfrutarás de todas las horas que le dedicas al proceso. Que serán muchas.

El resultado puede que llegue, o puede que no. Si llega, fenomenal. ¡Enhorabuena, has alcanzado tu meta! Has conseguido lo que querías.

Pero si no llega, no pasa nada. Puedes seguir intentándolo. En cada  prueba aprenderás cosas nuevas.

Disfruta, motívate, inspírate, prueba. Hazlo por ti, no para obtener la aprobación de los demás. Que no te importe tanto la opinión de los que te rodean.

 

Procura que tu intervención sea memorable.

Atrévete a hacer las cosas de manera que no se hayan hecho antes.

Sorprende, innova, se creativo y diviértete. El público te lo agradecerá y te recordará durante más tiempo.

Piensa; ¿Qué convierte lo que aporto en algo único?

 

Coherencia 

Busca la coherencia en tu discurso. Tu forma de vestir, tu vocabulario, el tema, el entorno han de ir de la mano. 

Por ejemplo, si vas a hacer una presentación sobre unas nueva línea de zapatillas de deporte a un grupo de “millennials” conviene que vistas de manera más casual en lugar de vestir de traje y corbata. 

 

Naturalidad, espontaneidad y frescura.

Trabajar en la naturalidad y fluidez de tu comunicación te ayudará a eliminar la tensión y los nervios y te hará ganar puntos con el público.

No olvides que estas hablando con personas. Incluso en un entorno profesional, tu público está compuesto por personas como tú y como yo que agradecen la naturalidad, el buen humor y la alegría. Atrévete a ser más espontáneo y risueño.

 

Márcate un objetivo que incluya al público.

No dejes al público al margen de tu intervención, inclúyelo. 

El público debe sentirse parte de tu presentación, tener la sensación de ser importante para ti. Sentir que has pensado en él al escribir el discurso, que has venido a ayudarle, a contarle algo que no sabe y debe conocer. 

 

Si sigues todos y cada uno de estos consejos tu presentación será un éxito. Hazme caso.



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