¿PENSAMIENTOS CATASTRÓFICOS ANTES DE UNA PRESENTACIÓN?

¿Sabias que te conviertes en aquello en lo que piensas la mayor parte del tiempo?

Tu mente tiene una gran influencia sobre tu cuerpo y sobre toda tu vida. Por eso, es importante cuidar la calidad de tus pensamientos. Dedícales un ratito, escúchalos, préstales atención para comprobar la calidad de aquello que creas en tu interior. Tus pensamientos son pequeñas semillas que plantas, abonas y riegas cada día. Por eso, conviene saber el tipo de siembra que estas realizando para comprobar si vas a obtener la cosecha sana y fructífera que deseas.

Si haces la prueba, comprobarás la gran cantidad de pensamientos negativos que pueden llegar a rondan por tu cabeza, aun considerándote una persona optimista y positiva. ¿Te abordan pensamientos catastróficos, visualizas el fracaso, das por hecho que ocurrirá lo peor, te visita la culpa con frecuencia, tienes memoria selectiva etc.? Este tipo de pensamientos son visualizaciones negativas que alimentas en tu mente haciéndolas crecer y concediéndoles más fuerza y poder a cada día que pasa.

Lo creas o no, todos usamos el poder de la visualización en nuestro día a día. Y la visualización aporta a nuestras vidas aquello que imaginamos, ya sea bueno o malo.

Por desgracia, la forma de visualización que más utilizamos es la preocupación: visualizamos todo aquello que no queremos que suceda, y en consecuencia atraemos a nuestras vidas eso que queremos evitar.

Preocuparse es fijarse metas negativas. Si quieres cambiar tu mundo exterior debes empezar por cambiar tus imágenes mentales en el interior.

¿Como trasladar este ejercicio a la práctica de hablar en público?

¡¡Fácil!! Sueña despierto, motívate, regálate palabras bonitas, piensa que eres grande, un gran orador, una persona que consigue impactar con sus palabras, que enseña lo que otros no saben, que contagia entusiasmo y que con toda humildad ayuda a los demás. Visualízate en el escenario dando esa charla que tanto miedo te da. Visualiza al público entregado a tu discurso, imagina los aplausos, lo bien que esto te hace sentir.

Deja de ser una víctima y bríndate pensamientos positivos antes de salir a escena. Piensa “Estoy listo para esto”. “Yo puedo, yo soy capaz”. “He trabajado duro para este momento y voy regalar lo mejor de mi al público”.

Claves para controlar la ansiedad frente al público:

Conoce a fondo el tema: Cuanto más sepas sobre el tema del que vas a hablar mayor será la confianza que tengas en ti mismo y menos ansiedad te generará compartir tus conocimientos. 

No intentes ser perfecto: El origen del miedo a hablar en público está relacionado con el miedo a la imperfección. Deja de aspirar a una perfección que no existe y atrévete a ser tú mismo.

Acepta que estar nervioso no es algo malo: Es normal estar nervioso ante la idea de hablar en público, quiere decir que lo que estas haciendo te importa. Utilizar la adrenalina que te generan  los nervios para pensar más rápido, hablar con mayor fluidez y aumentar el entusiasmo a la hora de transmitir tu mensaje. 

Ensaya: Cuantas más veces ensayes un discurso mayor será el dominio que tengas sobre él. En consecuencia, aumentará tu naturalidad y tu soltura a la hora de presentarlo.

Memorizar el guión: Es importante memorizar la introducción y la conclusión para abrir y cerrar el discurso con impacto. El resto puedes hacerlo de manera distinta cada una de las veces que lo practiques. 

Pruébate la ropa que usarás en la exposición: Es importante que elijas ropa con la que te sientas cómodo y seguro. Si practicas con ella antes de la presentación te ayudará a eliminar prendas que puedan resultar incómodas, como camisas demasiado estrechas o zapatos incómodos que te entorpezcan al caminar.

Recurre a la técnica de la visualización para tener éxito: Cierra los ojos y visualízate llevando a cabo tu charla con confianza y entusiasmo. Imagina la habitación, el público y el transcurso de la presentación. Así, ayudarás a tu mente a convertir la imagen en realidad. 

Aliviar las tensiones de tu cuerpo te hará estar más relajado: Toma conciencia de tu cuerpo y de sus tensiones poniéndolo en movimiento. Realiza estiramientos que te ayuden a relajar los músculos.

Evita la cafeína y el alcohol:  Las bebidas con cafeína pueden aumentar tu ritmo cardíaco mientras que el alcohol puede hacerte perder el equilibrio y provocarte despistes. Es mejor que te hidrates previamente y que tengas a mano una botella de agua.  Si lo crees conveniente bebe una tila antes de tu intervención. Te ayudará a calmar los nervios.

Respira de forma abdominal: La respiración abdominal te ayuda a reducir tus pulsaciones recuperando la calma de tu sistema nervioso. Respira profundamente varias veces antes e incluso durante tu presentación. La inhalación ha de ser profunda, lenta y suave, mientras que la exhalación debe hacerse de forma natural, arrastrando con ella los nervios y la inseguridad fuera de ti. Concéntrate en tu respiración te ayudará a calmar los nervios.

Mantén tu mente y tu cuerpo en el momento presente: Cada vez que te sientes prisionero de tus nervios tu mente abandona el momento presente. Puede que ni siquiera te des cuenta, pero en ese momento dejas de prestar atención a tu público y a tu presentación para centrarte en dos aspectos muy negativos; las desagradables reacciones fisiológicas de tu cuerpo (sudación, temblor, etc.) y tu destructivo monologo interno. Para evitar este tipo de sufrimientos innecesarios, recuerda traer tu mente al mismo lugar en el que se encuentra tu cuerpo.

Involucra a tu audiencia: Hacer preguntas a tu audiencia ayuda a que esta mantenga su atención y su concentración en tus palabras. La clave reside en transformar la presentación de monólogo al diálogo.

Apuesta por el contacto visual: Nunca mires a un punto vacío en el espacio. Busca caras amistosas que te traslade tranquilidad en diferentes zonas de la sala y míralas a los ojos.

No hables de tu nerviosismo: No comentes con el público que estas nervioso aún cuando te pierdas durante la charla, un porcentaje elevado de la audiencia ni siquiera lo habrá notado.

Pase lo que pase, sonríe.

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