¿Eres aburrido hablando en público?

“Me da miedo aburrir cuando hablo en público” es una de las frases más recurrentes de mis clientes.

 

Existen multitud de errores que los ponentes cometen cuando hablan en público. Pero el peor de todos es ser aburrido. Si una charla o un discurso solo es capaz de despertar bostezos en el respetable, se estará haciendo un flaco favor a la imagen de la empresa, a la de la marca y a la del propio empresario.

 

Por tanto, un orador debe intentar mantener el interés del público evitando que se aburra y, por lo tanto, se disperse entre sus propios pensamientos. Esto que es algo tan básico es muy difícil de lograr.

 

De hecho, todos hemos asistido a clases magistrales o charlas o cursos de personas que saben mucho de lo que están dando a conocer. Pero que, al ser aburridos, no han despertado el interés de casi nadie.

 

La lucha contra el aburrimiento, por tanto, es prioritaria. Y la mejor forma de vencerlo no pasa por rehacer el guion mil veces ya escrito, sino por saber contarlo. Algo que solo se podrá lograr si se consigue dejar de ser monocorde.

 

Este aspecto es uno de los más complicados de corregir. De ahí que el objetivo de los siguientes puntos sea precisamente el de evitar la monocordia, que no es otra cosa sino la repetición de un mismo sonido durante todo el tiempo. O, dicho en otras palabras, es como si siempre sonara la misma cuerda de la guitarra con idéntica intensidad.

 

A la larga el resultado siempre será el aburrimiento o, dicho de otro modo, la pérdida de interés por parte del público. Conviene por tanto entrenar los siguientes aspectos hasta lograr eliminar cualquier rastro de monocordia en nuestro discurso.

 

– Entrenar los matices

– Enfatizar palabras que apuntalen ideas o descripciones

– La importancia del ritmo

 

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